El inicio de un tratamiento farmacológico puede traer cambios, dudas y decisiones que también encuentran un espacio importante en psicoterapia.
Un paciente llega a sesión y comenta que finalmente ha empezado a tomar la medicación que le habían prescrito.
Quizá llevaba tiempo valorándolo. Quizá tenía dudas sobre los psicofármacos. O quizá aceptó el tratamiento sin demasiadas reservas, pero ahora, después de las primeras dosis, empiezan a surgir preguntas.
«Llevo una semana tomándolo y sigo igual».
«Desde que empecé estoy más nerviosa».
«Me sentaba tan mal que dejé de tomarlo».
Son situaciones diferentes, pero comparten algo: la experiencia de iniciar un tratamiento farmacológico va más allá de sus efectos sobre los síntomas.
También intervienen las expectativas, las preocupaciones, la interpretación de los cambios y las decisiones que cada persona toma a partir de lo que experimenta.
Aunque estas experiencias pueden aparecer con distintos psicofármacos, en este artículo nos centraremos en las primeras semanas de tratamiento con antidepresivos, un período en el que pueden coexistir efectos adversos, incertidumbre sobre la respuesta terapéutica y dificultades para continuar el tratamiento.
Conocer qué puede ocurrir en esta etapa ayuda a contextualizar lo que el paciente describe en sesión, explorar su experiencia y facilitar que la información relevante llegue al profesional prescriptor.
¿Qué puede esperar un paciente durante las primeras semanas con antidepresivos?
Una de las dudas más frecuentes al iniciar un antidepresivo es por qué la mejoría no aparece inmediatamente.
En el caso de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), por ejemplo, la inhibición de la recaptación de serotonina comienza poco después de iniciar el tratamiento. Sin embargo, la mejoría clínica suele desarrollarse de forma más gradual.
Esta diferencia refleja que los efectos terapéuticos implican procesos más complejos que la acción farmacológica inicial, cuyos mecanismos todavía no se conocen por completo.
¿Cuánto tardan los antidepresivos en hacer efecto?
No existe un plazo idéntico para todas las personas.
Algunas pueden experimentar cambios durante las primeras una o dos semanas, mientras que otras necesitan más tiempo para percibir una mejoría clínicamente significativa.
Las guías NICE para la depresión en adultos señalan que, cuando un antidepresivo resulta eficaz, habitualmente puede observarse algún beneficio dentro de las primeras cuatro semanas.
No notar mejoría después de unos pocos días no significa necesariamente que el tratamiento esté fracasando.
La valoración de la respuesta considera el tiempo transcurrido, la dosis utilizada, la regularidad de las tomas, la tolerabilidad y los cambios observados en los síntomas y el funcionamiento cotidiano.
En psicoterapia, esta información permite explorar qué esperaba experimentar el paciente y cómo interpreta la ausencia de cambios.
Por ejemplo, ante un «no noto nada», puede resultar útil preguntar qué significa exactamente esa expresión.
¿Continúa experimentando los mismos síntomas? ¿Esperaba una mejoría más rápida? ¿Ha percibido algún cambio en su funcionamiento cotidiano, aunque todavía no se encuentre mejor?
Estas distinciones ayudan a comprender cómo está evolucionando y qué aspectos conviene trasladar durante el seguimiento médico.
Efectos adversos al empezar antidepresivos: qué conviene tener presente
Durante las primeras semanas pueden aparecer efectos adversos antes de que la persona perciba una mejoría terapéutica.
Esta secuencia puede resultar especialmente difícil: el paciente empieza un tratamiento para encontrarse mejor, pero inicialmente experimenta molestias que antes no tenía.
Los efectos adversos dependen del medicamento, la dosis, las características individuales y otros tratamientos concomitantes. No todas las personas los experimentan ni evolucionan de la misma manera.
Entre los que pueden aparecer al iniciar determinados antidepresivos se encuentran:
- Molestias gastrointestinales: náuseas, diarrea o cambios en el apetito.
- Alteraciones del sueño: insomnio, despertares nocturnos o somnolencia.
- Nerviosismo o activación: inquietud, agitación o aumento de la ansiedad que puede aparecer al inicio del tratamiento.
- Cefalea o mareos: síntomas cuya aparición puede coincidir con el inicio de la medicación.
Algunas molestias disminuyen durante las primeras semanas. Otras pueden persistir o resultar suficientemente importantes como para requerir una revisión del tratamiento.
También existen efectos adversos, como determinadas alteraciones de la función sexual, que pueden mantenerse durante el tratamiento y afectar significativamente al bienestar del paciente.
En algunos casos, la inquietud intensa puede plantear dudas sobre si se trata de un aumento de la ansiedad o de acatisia, un efecto adverso caracterizado por una sensación de inquietud interna que puede acompañarse de necesidad de moverse. La aparición de una inquietud intensa, especialmente si interfiere con el descanso o el funcionamiento cotidiano, merece una valoración médica rápida.
¿Qué puede explorarse en sesión?
Imaginemos que una paciente comenta:
«Desde que empecé la medicación duermo fatal. Antes por lo menos podía descansar, pero ahora me despierto varias veces y estoy agotada durante el día».
La conversación puede centrarse en cuándo comenzaron las dificultades, cómo ha cambiado su patrón de sueño, qué repercusión tienen durante el día y si ha podido comentarlo con su psiquiatra.
La relación temporal con el inicio del tratamiento es un dato relevante, aunque por sí sola no permite establecer que la medicación sea la causa.
La intensidad, la evolución y el impacto funcional de los síntomas ayudan a construir una descripción más precisa de lo que está experimentando el paciente.
Cuando los efectos adversos dificultan continuar el tratamiento
Las molestias iniciales no solo generan preocupación. En algunos casos, también influyen en las decisiones que el paciente toma sobre su medicación.
«Empecé con náuseas y al tercer día dejé de tomarlo. No podía seguir así».
Otros pacientes pueden reducir la dosis, espaciar las tomas o modificar el horario por iniciativa propia.
También pueden aparecer dificultades relacionadas con olvidos, dudas sobre la necesidad del tratamiento o problemas para comprender la pauta prescrita.
La toma irregular y la interrupción precoz pueden dificultar la valoración de la respuesta terapéutica. Cuando el tratamiento se ha mantenido durante más tiempo, su suspensión brusca también puede provocar síntomas de retirada, cuyo riesgo depende del medicamento, la duración del tratamiento y otros factores individuales. Estos síntomas también pueden aparecer tras períodos relativamente breves de exposición.
¿Qué puede aportar la psicoterapia?
Cuando el paciente comenta que ha modificado o interrumpido el tratamiento, resulta útil conocer qué ocurrió antes de tomar esa decisión.
¿Los efectos adversos eran difíciles de tolerar? ¿Había dudas previas sobre la medicación? ¿Esperaba una mejoría más rápida? ¿Qué alternativas había considerado?
Explorar estas circunstancias permite comprender mejor las dificultades que está encontrando.
Una pregunta sencilla puede abrir la conversación:
«¿Cómo te está resultando seguir el tratamiento tal como te lo indicaron?».
Si el paciente ha suspendido o modificado la medicación, es importante facilitar que lo comunique al profesional prescriptor para valorar cómo proceder, especialmente si presenta síntomas nuevos o empeoramiento clínico.
La relación entre efectos adversos y adherencia está documentada. Una revisión sistemática publicada en Journal of Psychopharmacology en 2024 encontró una asociación entre la aparición de efectos adversos y una menor adherencia al tratamiento antidepresivo.
La dimensión psicológica de empezar a tomar antidepresivos
Más allá de los síntomas y los efectos adversos, empezar a medicarse puede activar preguntas sobre la propia identidad, la autonomía y el significado de necesitar tratamiento.
Para algunas personas, iniciar un antidepresivo representa alivio.
Después de semanas o meses de sufrimiento, sienten que disponen de una nueva posibilidad de tratamiento.
Para otras, la experiencia es diferente.
«Nunca pensé que llegaría a necesitar medicación».
«Siento que debería haber podido salir adelante sin esto».
«¿Y si después no puedo estar bien sin tomarla?».
Estas preocupaciones pueden estar relacionadas con creencias sobre la enfermedad mental, experiencias familiares, estigma, miedo a la dependencia o expectativas personales de autonomía.
También pueden aparecer emociones contradictorias.
Una persona puede reconocer que necesita ayuda y, al mismo tiempo, sentirse incómoda con la idea de tomar medicación.
Puede desear mejorar y temer los cambios que esa mejoría implique.
Puede aceptar el tratamiento sin haber resuelto todas sus dudas.
La ambivalencia no equivale necesariamente a rechazo
La ambivalencia puede formar parte de un proceso en el que el paciente intenta integrar la información médica con sus preferencias, experiencias y valores.
La psicoterapia ofrece un espacio para explorar qué representa la medicación en su historia personal, qué expectativas deposita en ella y qué preocupaciones siguen presentes después de haber aceptado el tratamiento.
También permite explorar cómo entiende la relación entre psicoterapia y tratamiento farmacológico.
Por ejemplo, algunos pacientes pueden preguntarse si necesitar medicación significa que la psicoterapia no está funcionando, o si una mejoría asociada al tratamiento farmacológico resta valor al trabajo realizado en sesión.
Estas interpretaciones forman parte de la experiencia subjetiva del tratamiento y pueden influir en las expectativas y decisiones posteriores.
El valor de la observación longitudinal desde Psicología
Imaginemos que una persona empieza un antidepresivo y continúa asistiendo semanalmente a psicoterapia.
En esas sesiones puede describir cambios que quizá resulten difíciles de reconstruir retrospectivamente durante una consulta médica posterior.
La continuidad del seguimiento psicológico ofrece una oportunidad para observar cómo evoluciona la experiencia del paciente a lo largo de las primeras semanas.
Los cambios en el sueño, la energía, la actividad cotidiana o el estado emocional pueden describirse con mayor precisión cuando se exploran de forma continuada.
Esta observación longitudinal complementa la valoración médica, especialmente cuando aparecen efectos adversos, dificultades con el tratamiento o una evolución diferente de la esperada.
Cuatro elementos para organizar la información clínica
Una forma práctica de organizar la información que aparece en sesión es atender a cuatro elementos:
1. Qué ha cambiado. Describir el síntoma, la conducta o la experiencia subjetiva de la forma más concreta posible.
2. Cuándo comenzó. Situar el cambio respecto al inicio del tratamiento, posibles modificaciones de dosis u otros acontecimientos relevantes.
3. Cómo ha evolucionado. Identificar si es persistente, intermitente, progresivo o si ha disminuido con el tiempo.
4. Qué impacto tiene. Explorar sus consecuencias sobre el descanso, el funcionamiento cotidiano, las relaciones o la continuidad del tratamiento.
Por ejemplo, no aporta la misma información comunicar:
«El paciente está más nervioso desde que toma medicación».
Que describir:
«Refiere inquietud intensa desde hace cuatro días, iniciada dos días después de comenzar el tratamiento. La describe como una necesidad constante de moverse, le dificulta permanecer sentada y está interfiriendo con el sueño».
La segunda descripción proporciona información más precisa para la valoración médica.
Además, una inquietud de estas características justificaría orientar al paciente hacia una valoración rápida, sin esperar a la siguiente revisión programada.
Describir qué ha cambiado, cuándo comenzó, cómo ha evolucionado y qué impacto tiene permite transformar una observación clínica en información útil para el seguimiento.
¿Cuándo conviene orientar al paciente para que consulte con el profesional prescriptor?
Durante las primeras semanas pueden aparecer cambios que merecen una valoración médica antes de la siguiente revisión programada.
Entre ellos:
- Efectos adversos que persisten, aumentan de intensidad o interfieren significativamente con la vida cotidiana.
- Dificultades para seguir la pauta prescrita o modificaciones realizadas por iniciativa propia.
- Empeoramiento clínico o ausencia de mejoría cuando corresponde revisar la respuesta al tratamiento.
- Dudas o preocupaciones que están llevando al paciente a considerar la interrupción de la medicación.
En muchos casos será el propio paciente quien contacte con su psiquiatra o médico prescriptor.
En otros, especialmente cuando existe un equipo interdisciplinario establecido, puede haber comunicación directa entre profesionales, de acuerdo con los procedimientos de coordinación y confidencialidad correspondientes.
¿Qué cambios requieren especial atención?
Además de las dificultades habituales al iniciar el tratamiento, existen algunos cambios cuya aparición merece especial atención.
Empeoramiento clínico o aparición de ideación suicida. Durante las primeras semanas es especialmente importante prestar atención a la aparición o el empeoramiento de la ideación suicida, la desesperanza, la agitación y otros cambios clínicos relevantes, con independencia de que pueda establecerse una relación causal con la medicación. La presencia de ideación suicida requiere una valoración del riesgo que permita determinar la respuesta asistencial adecuada, incluida la atención urgente cuando exista riesgo significativo o inmediato.
Inquietud o agitación intensa. La aparición de inquietud marcada, especialmente cuando resulta difícil permanecer quieto o interfiere significativamente con el descanso y el funcionamiento cotidiano, requiere una valoración médica rápida.
Cambios llamativos en la energía, el sueño o la conducta. Un cambio marcado respecto al funcionamiento habitual, caracterizado por un aumento inusual de energía o actividad, disminución de la necesidad de dormir y otros síntomas como mayor locuacidad, aceleración del pensamiento o conductas desinhibidas, puede requerir una valoración médica rápida ante la posibilidad de hipomanía o manía.
Las recomendaciones NICE para la depresión en adultos destacan la importancia de vigilar los cambios en el estado de ánimo, la agitación y la ideación suicida durante el inicio del tratamiento antidepresivo.
La prioridad y la vía de atención dependerán de la intensidad de los síntomas, el deterioro funcional y los riesgos asociados. Cuando existe riesgo grave o inmediato, la actuación debe ajustarse a los protocolos de urgencia correspondientes.
Cinco preguntas para explorar en sesión cuando un paciente empieza a tomar antidepresivos
Las primeras semanas ofrecen una oportunidad para explorar tanto la evolución clínica como el significado subjetivo del tratamiento.
Estas cinco preguntas pueden servir como punto de partida.
1. «¿Cómo estás viviendo estas primeras semanas con la medicación?»
Permite conocer qué aspectos están teniendo mayor importancia para el paciente, sin dirigir inmediatamente la conversación hacia los síntomas o los efectos adversos.
2. «¿Has notado algún cambio desde que empezaste, aunque no sepas si está relacionado con la medicación?»
Facilita una descripción de la experiencia sin exigir que el paciente establezca relaciones causales.
3. «¿Qué esperabas que cambiara al empezar el tratamiento?»
Ayuda a explorar expectativas y comprender cómo está interpretando la evolución.
4. «¿Cómo te está resultando seguir el tratamiento tal como te lo indicaron?»
Abre la posibilidad de hablar de olvidos, efectos adversos, dudas, dificultades o modificaciones de la pauta.
5. «¿Hay algo de lo que estás experimentando que todavía no hayas podido comentar con tu psiquiatra?»
Ayuda a identificar aspectos que pueden resultar relevantes para la siguiente valoración médica o justificar una consulta anticipada.
Estas preguntas pueden adaptarse al contexto clínico y a las necesidades de cada paciente.
Acompañar el inicio del tratamiento antidepresivo desde Psicología
Las primeras semanas de tratamiento antidepresivo pueden estar marcadas por expectativas, cambios difíciles de interpretar y decisiones que el paciente toma a partir de su experiencia.
La continuidad de la psicoterapia ofrece una oportunidad para comprender cómo vive ese proceso, observar su evolución y ayudarle a comunicar con precisión aquello que necesita una valoración médica.
Porque lo que ocurre entre el inicio de un tratamiento y la siguiente revisión médica también puede aportar información clínica valiosa.
Referencias
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